Quien ejerza la escritura y diga que escribe para sí mismo es un mentiroso. Uno escribe para sí mismo un diario (y mira que siempre existe esta fantasía de que alguien más lo lea a escondidas) o la lista del súper. A veces empiezas por un público muy sencillo: un grupo de amigos, un interés amoroso, tu familia. Tarde o temprano esto se complica; o no les gusta lo que escribes, o no le entienden, o son tus fans número uno pero tú quieres que te lea más gente. Entonces piensas en un lector ideal; sueñas con que tu trabajo llegue a sus manos y descubres que para llegar a él, primero tienes que pasar por un editor y que eso está todavía más complicado.

¿Qué te hace elegible para un editor? Tener talento, claro, pero también, tener lectores. ¿Entonces? ¿Qué es primero? ¿El huevo o la gallina? ¿Qué chingados? Uno recurre a la autopublicación, abre un blog, se mata escribiendo largos y simpáticos posts en Facebook y si bien todo esto puede dar resultados a largo plazo, uno empieza a desgastar el material, a invertir dinero en lugar de ganarlo.

“¡Por Dios! ¡Yo no hago esto por dinero! ¿Cómo voy a prostituir mi arte?” Esa es otra gran mentira. Uno sí sueña con dinero, ¿por qué no? Y lo de la prostitución, bueno… eso es para otro artículo. Centrémonos en la idea de ver remunerado tu trabajo. Si no por cheques del tamaño del Sistema Nacional de Creadores, por una cantidad que te estimule, que te permita, quizás, ir alcanzando pequeñas metas que lleven tu obra a otro nivel, un paso a la vez.

Hace un par de meses conocí la plataforma de Patreon gracias a Jos Velasco y la artista gráfica Lizeis. La propuesta de Patreon es trabajar con metas a corto, mediano y largo plazo con el apoyo de un sistema de micromecenas. Así es: la vieja familia Medici, esos mecenas mitológicos, ya no son tendencia. Es el tiempo de los pequeños mecenas, esos que con tres o cinco dólares al mes, pueden estimular tu oficio y leer lo que escribes.

Mi primera reacción al conocer Patreon no fue la de horrorizarme por la prostitución de mi arte (hace tiempo que superé eso: el arte se remunera, se consume, es un producto), sino porque nadie, salvo el FONCA, me había pagado por un trabajo en proceso, y aún entonces mi lógica era la siguiente: “me están pagando de vuelta mis impuestos”. Patreon se me figuraba una plataforma en la que pediría dinero como pasando el sombrero. ¿Pedir lana para tener más tiempo para escribir? Y cuando lo dije en voz alta, mi amiga Diana Martín, replicó: “¿Por qué no?”

Así que lo primero que tuve que hacer fue acallar esa voz que me pintaba Patreon como una plataforma limosnera. No, no se trataba de eso, sino de entregar labor a cambio, de hacer partícipes de los descubrimientos y logros a quienes decidieran apoyarme. De escribir, desde el arranque mismo, para un grupo de lectores que creen en mi trabajo y pagan por conocerlo antes de que llegue a ser impreso.

Es como el FONCA, pensé, pero con rostros, con nombres de amigos y personas con quienes puedo tener un intercambio sin intermediarios ni fechas límite. Estructuré un proyecto y pedí apoyo para algo concreto: pagarme el café que me ayudaría a levantarme a las seis de la mañana para escribir.

A poco más de un mes de haberlo hecho público, mi proyecto de Ficciones Mañaneras en Patreon ya cuenta con el apoyo de 6 mecenas que no sólo han sumado a mi entrada mensual 18 dólares, sino que se han convertido en esos lectores para los que escribo. Mientras malabareo dos proyectos de novela y una colección de cuentos, me siento mucho más comprometida porque, ¿cómo es que no voy a publicar un avance esta semana para ellos?

Saber que hay alguien al otro lado, desde ya, ha hecho que la experiencia valga la pena. No son los 18 dólares los que me hacen levantarme, prepararme un café y elegir la música para trabajar, aunque tampoco están nada mal.

Soy escritora y no escribo para mí. No escribo para un editor. No escribo para el lector desconocido de un producto final. Escribo para 6 micromecenas. Y voy por más.

Compartió para impetuosa, Cecilia Magaña.


Conoce su Patreon aquí.

Imagen que ilustra este texto: Edwin Lord Weeks – The Interior of the Mosque at Cordova

Este texto y otros más por venir son producidos para el curso Presencia en internet para escritores. Te invitamos a unirte a la próxima fecha, el sábado 22 de abril en las oficinas de la editorial Paraíso Perdido en Guadalajara. Pide más informes y confirma tu participación.
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