Producir cualquier clase de obra implica a un autor que no sólo disfruta de lo que produce sino que sabe lo que hace, de un nivel tolerable, a uno que raya o pasa de lo obsesivo (no conozco a ningún artista tolerable, pero guardo la fe).

A veces este conocimiento se inicia con la afición a una obra determinada o decanta en ese inmortal adolescente para quien se inventó la función de repeat que sobrevive hasta la actualidad en nuestras apps de musiquita.

Una noche, mientras me rendía de trabajar en mis textos para transcribir un fragmento de La polca de los osos de Margo Glantz, hábito que arrastro desde chamaco, entendí que todo lo que trataba de hacer era “tocar” la pieza con mis propios medios.

Figurate: ahí estaba, desistiendo de fotomontar a Pucca y a Murakami de forma pitera, a media caguama Victoria, cuando de pronto entendí que muy a mi manera estaba haciendo un cover y que tal vez, sólo tal vez, todos entramos al gremio tratando de tocar algo que amamos.

AVISO LEGAL: LOS PERSONAJES, ACTORES Y ESCRITORES-NO-GANADORES-DEL-NOBEL-DE-LITERATURA FOTOMONTADOS EN ESTA IMAGEN TIENEN TODOS LA MAYORÍA DE EDAD, EXCEPTO MURAKAMI, QUES INMORTAL.

Quizá por eso he pasado meses oyendo covers, hasta terminar con una lista en spotify incluyendo todo lo que la app me ha convencido de escuchar.

También, me ha llevado a internarme en la coveridad de nuestros días; demasiado cine, música y literatura, arte mayor y subcutáneo para una sola vida y de pronto a todos nos preocupa más declararnos fans de sabor a mí que el nuevo disco de Morrissey.

Luego de traumatizarme a mí mismo, esto es lo que he sacado en limpio:

1. A nadie le va a salir Michael Jackson mejor que a Michael Jackson

¿Qué chingados tienen Billie Jean, Beat it y Smooth Criminal que generación tras generación de incipientes banditas de cada nuevo o viejo [sub]género gestado debajo de las piedras, emerge con la encomienda de tocarlas de la manera más pitera posible?

Me imagino que en algún momento de la década pasada, a algún productor se le ocurrió que una forma rápida de conseguir el posicionamiento o la difusión de alguna banda toda pinche rara, era tomar un símbolo del pop y cagarse encima de él.

Esa es mi hipótesis uno. En mi hipótesis dos, rememoro ese extraño momento en el que todos estaban enamorados de VH1 y esa cosirijílla llamada MTV Illustrated intentaba volver graciosa la pedofilia del vato.

Sí, millenials, hubo un tiempo en el que todos mirábamos televisión.

—¿Escuchaste eso, Nick?
—Así es Johnny, sonó como el llanto lastimero de un millón de treintones que nunca abandonarán su infancia.

Mi hipótesis tres implica que todo músico es un fanboy potencial del bailarín fanboy de Peter Pan y que tarde o temprano, si bien comenzando su carrera o muy adelante en ella, tendrán un momento de iluminación para decirse a sí mismos: “es tiempo de tocar Beat It, estoy listo”.

Y sí, claro que estoy hablando de Alien Ant Farm y de Fall Out Boy, mierda. La razón principal es que a un buen cover lo compone la implícita o clara intención no de agregarle una guitarrita distinta a la rola, sino de bajarla del pedestal sin conmiseración alguna, porque…

2. un cover es un acto de infidelidad

Hablemos de AC/DC. Voy a asumir que todos conocemos a AC/DC, incluso tú, sí, tú, que estás a punto de responderme que no escuchas musiquilla  gringa porque capitalismo, o pior, estás a punto de explicarme que mi gusto musical sucks porque tu banda hindueslavoafroantillana.

Primero, le estás gritando a una pantalla. Segundo, tienes toda la razón. Hablar de AC/DC es como hablar de algún solista mexicano atrapado para la eternidad en la estación de radio de los clásicos; leyendas populares sí o piezas de museo.

¡¡¡YO NO ESTABA GRITANDA!!!

Un cover preocupado por la ejecución del clásico es una ejecución mediocre porque debería tratarse de un robo, un acto de perversión o incluso de posesión demoníaca sobre la liturgia que el original ha construído.

Mi ejemplo favorito está en la deconstrucción que Six Feet Under hace sobre el himno a la líbido machirula que es TNT, donde la misma letra se siente como una película slasher con todo y toque de queda y asesino maníaco suelto.

¿Qué cambió? tiempo, composición y letra, en este caso, son respetados: vocal y guitarra principal presentan un decisivo cambio de escala, un timbre distinto que lo resignifica todo, es decir que:

3. un cover descansa en el simbolismo de sus cambios

¿Suficiente cháchara sobre AC/DC? Ño. Aquí hay un cover de Shoot to thrill de Halestorm. Era eso o ir por mi disco homenaje al príncipe de la canción. Créeme, todos-preferimos-hablar-de-AC/DC que de ese momento de uhm, ¿el preindie mexicano?

Cuenta la leyenda que Claudio Yarto no alcanzó a mandar su rola.

De todos los covers que llegué a escuchar, el de Halestorm hizo que se me atoraran los bujes: como en el caso de Six Feet Under, la composición general de la rola está casi intacta, incluyendo al vocalista que sigue con suma fidelidad la ejecución original; y aún así el tema se siente nuevo.

Los cambios, tal como pasa con el Chandelier de Leo Moracchioli o el Ace of Spades de Hayseed Dixie encuentran su significación en conexión a su contexto: si la misma reenfoca el espíritu del original en una nueva dirección, obtenemos una variante mucho más relevante a nivel cultural.

Esto además, implica que la variabilidad de una composición es casi infinita y asegura la perdurabilidad de un tema más allá de su intención o temática original; como en los símbolos patrios de un país, miramos sólo la cara de un elemento que se encuentra en transición o bien que…

4. un cover es volátil, hasta que no

Tenía construída toda una teoría respecto a la apropiación política y cultural que ronda sobre los covers dedicados a Get Lucky de Daft Punk (sobre todo hablando de Halestorm y Russkaja) y una comparativa de los mismos con el fenómeno del Personal Jesus de Johnny Cash, que obvi, se loncha gacho a Depeche Mode.

Luego di con el Get Lucky de Daughter. Una absoluta resignificación del ambientito que la rola del dúo regala desde que nació, en antros y tardeadas de secundaria y que tan bien marida con ebrios tirando netas o el aroma a torta de jamón del taller de mecánica donde ayñ, nadie quiere bailar con Rodolfo.

Pasa lo mismo con Whiskey in the Jar de Metallica, que se piensa que fue compuesta por duendes irlandeses y con Girls Just Wanna Have Fun de la Lauper, que al principio no se trataba sino de un dude aconsejandote sobre ligar en un bar.

¿Y si la historia del arte no fuera sino una eterna lista de covers de piezas anteriores que el tiempo se ha devorado y nunca conoceremos?

Nah.

Que nah, dije.

Tiró barra oyendo covers para impetuosa: José Pérez
Imagen que ilustra: fragmento de Komposition 8, de Vasily Kandinsky

Tócame, tócame mucho —4 cosas que aprendí escuchando covers

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